viernes, 1 de noviembre de 2013

I parte: Suya, Cuerpo y Alma por BlogEntendemos

SUYA EN CUERPO Y ALMA, CONCURSO DE RELATOS BUKUSONLINE #BUKUSCE

SUYA CUERPO Y ALMA




Relato continuación de la novela Suya en cuerpo y alma Escena en la que Elizabeth sale de un taxi y se encuentra con Emma que entra en el portal. Le pide ayuda con unos cuadros que tiene que dejar en casa de Charles, así que Emma le ayuda y entran en su casa para dejarlos. Elizabeth propone tomar un café y lo prepara. Este es el momento en el que comienza mi historia, tras preparar café.


        Nos sentamos en el sofá, en el mismo en el que días atrás me había tomado el famoso Château d'Yquem. Elizabeth me sirvió el café y se sentó a mi lado, casi rozándonos.
   -Elizabeth, entonces… – Llámame Beth- ¿También te dedicas al mundo del arte?
   -Sí, ese es mi mundo. Así conocí a Charles y ya sabes, nos hicimos amigos, congeniamos bien.
        Había juzgado mal a Beth. El día que la vi en el ascensor pensé mil cosas distintas de ella, ahora se, que no acerté con ninguna. Era de las personas más naturales que había conocido, comenzamos a hablar cómo si nos conociéramos de toda la vida, sin medir las palabras. Me contó que su marido había muerto hacía 4 años en un accidente de tráfico y que lo había pasado muy mal, le había costado mucho superar la pérdida le grand amour de sa vie. Yo le conté que mi madre había muerto en mi parto y que siempre soñé con poder verle la cara, no en fotos, sino yo misma, clavar mis ojos en los suyos y sentir su calor, aunque fuera una vez. Me puso la mano en la rodilla, bordeándola con sus suaves dedos que simulaban los de una pianista.
   -Tiene que ser duro – Asentí – Pero tú eres fuerte y aprenderás a vivir con ello, ya lo verás Emma.
   –Me apretó la rodilla y se puso de pie- ¿Más café?
        No me dio tiempo ni a responderle, giró sobre sus tacones y se dirigió a la cocina. Sirvió más café y volvió sonriendo. “El mundo se ve diferente con una taza de café entre las manos ¿Verdad?” Y rio. Tenía una risa sonora y como diría mi amiga Maron, risa de velcro, porque engancha.
   -¿Y no te has vuelto a enamorar, Beth? – Me oí que preguntaba, lamentándolo enseguida- Eh… Lo siento, no es de mi incumbencia, lo siento.
   -No, tranquila, es una pregunta como otra cualquiera, no importa. Mira, la verdad es que no, nunca más. Yo ya conocí al gran amor de mi vida, no creo que encuentre otro. Ahora no busco amor, busco compañía, busco amistad, busco pasar buenos ratos, salir a bailar o a brindar con tazas de café, lo que surja y lo que me apetezca en ese momento, sin remordimientos… Alcé mi taza de café “¿Por qué brindamos?” y ella, chocando su taza de porcelana con la mía, añadió “A veces con brindar, sobra, no hacen falta motivos…”
   -Y qué hay de ti ¿hay alguien importante en tu vida? – Noté como me subían los colores. Me aclaré la garganta-
   -No, rotundamente no. – Su expresión de sorpresa me descolocó - ¿Te sorprende? –Le pregunté-
   -Pues la verdad es que sí, ¿qué pasa que allí en Michigan los chicos no tienen ojos en la cara? – “¿Cómo?...” Pregunté- Sí, no deben de tener ojos, porque no me explico que una chica como tú, no esté con nadie. No lo entiendo. –Volví a ruborizarme-
        La verdad que mi vida amorosa era… Inexistente, sí, esa es la palabra. Nunca me había gustado nadie, nunca había sentido una ligera atracción por nadie, nunca había tenido novio y solo me habían besado una vez. Mi amigo David y yo hicimos un pacto, deberíamos de hacer el amor antes de acabar el instituto. Y así lo hicimos, aunque fue un desastre. Lo intentamos dos veces y salió mal. Esa es toda mi experiencia con el amor, con chicos y con el sexo… Ninguna.
   -¡Si soy un desastre Beth! –Exclamé, señalándole mis converse y mi sudadera- ¡Mírame!
   -Si ya lo hago, ya lo hago… Te sienta bien. Ya tendrás tiempo de ponerte un traje de falda y de chaqueta, no quieras correr tanto, que la vida no tiene prisa…
        Me emborraché de sus ojos marrones, marrones color whisky. Me emborraché o al menos eso sentía. El calor se apoderó de mí. Ella seguía a mi lado, demasiado cerca para sentir también su calor, aunque demasiado lejos para sentir la textura de su piel. ¿Qué me estaba pasando?, ¿Qué estaba sintiendo?, ¿Qué era todo esto…?
        Ella debió de notar que me había perdido en su parpadeo, en su mirada y en su fugaz, aunque contundente, roce con las rodillas. Me puso la mano en el hombro “Mañana hay una inauguración en mi galería, podrías pasarte ¿Te apetece?...” Claro que me apetecía, pero no podía presentarme con unas converse y un vaquero. Ella leyó mi preocupación en mis ojos… “Tranquila, eso tiene arreglo. Pásate por mi casa y buscamos un vestido ¿Te parece?”.
        Regresé a mi habitación desconcertada. No entendía que es lo que allí había pasado. Es cierto, es guapísima, eso era obvio, pero nunca una chica había causado nada parecido en mí, aunque bueno, ahora que lo pienso, tampoco ningún chico. Era la primera vez que sentía algo parecido a “ganas”. Sí, parecían ganas. Ganas de estar con ella, de que no se acabaran las palabras, de que volviera a tocarme la rodilla o el hombro, a sentirla más cerca…. ¿Pero qué narices estoy diciendo…? ¡Si es una chica, Emma! ¡Una chica! Así pasé la noche, pensando en ella, en vez de contar ovejas, contaba las veces que había sonreído o que me había mirado…
        Oí un ruido que provenía de la puerta. Me incorporé de la cama y cuando mis pupilas se ajustaron a la oscuridad que reinaba en la habitación pude ver cómo la puerta comenzaba a abrirse y una sombra entraba en mi habitación. Mi respiración comenzó a acelerarse, la sombra se aproximó a mi cama y pude ver la bonita cara de Beth que me susurró: “Emma… Emma…” Sonó el despertador y me desperté sobresaltada… ¡Dios mío, vaya sueño! Tenía que hablar con Maron ya mismo.
        Le había escrito un mensaje diciendo que la esperaba en la cafetería de la universidad. Necesitaba un café con ella. Cuando abrí la puerta ya estaba esperándome. Me sonrío, como siempre. Le resumí todo lo acontecido anoche. “¿Y…?” Me preguntó… “Pues que es una chica Maron, una chica, como tú y como yo…”
        Tuvimos una conversación de lo más filosófica y de lo más profunda. Hablamos sobre los valores, sobre la sociedad, sobre el poder de lo que uno quiere, que es el más fuerte de todos. No entendía que era lo que sentía, pero sentía algo. Me tranquilizó, me aseguró que no pasaba nada si sentía o dejaba de sentir, que ella me seguiría queriendo, pero que tenía que encontrarme para aceptarme. Pasé todo el día deseando que llegara la hora de ir a su casa. Estaba segura de que la respuesta a lo que sentía y quería, estaba en sus ojos aunque me daba miedo que la respuesta fuese un sí rotundo, pero es tan duro luchar contracorriente, contra lo que una quiere… Cogí el autobús y me dirigí a la dirección que me había facilitado, vivía en la Rue de Constantine, frente a los jardines. Buena zona, sin duda. El recorrido se me hizo demasiado corto, a pesar de la distancia. Abandoné el autobús y sentí que también dejaba parte de la antigua Emma en él.
        Me abrió la puerta ataviada con un vaquero y una camiseta negra. Estaba guapa. Nos saludamos con dos besos y me hizo pasar, “cómo en tu casa”. Me dirigió por un pasillo adornado con muchísimas fotografías hasta un salón grande, acogedor. Tomé asiento en un sofá de cuero, frente a la chimenea de piedra. En seguida me ofreció una copa de… ¿Vino? Pregunté, “Sí –Respondió ella- Aunque no es un Château d'Yquem
   –Ambas reímos y a continuación brindamos – Hoy sí, por nosotras, Emma, por ti y por mí. La copa se disipó a la vez que mis nervios, enseguida. Beth rellenó la copa y comenzó a tentarme con su mirada, mientras se mordía el labio caprichosamente. El vino calmó mis nervios, sí, pero me aceleró el pulso, la respiración e incluso mi termómetro interno, ¿o fue ella…? No sé.
        Nos bebimos la segunda copa entre risas y coqueteo, mucho coqueteo. Yo que no sabía coquetear, ahí estaba, tonteando abiertamente, sin vergüenza. Se levantó y me tendió la mano, “Ven, acompáñame, hay que elegir el vestido”.
Tenía un vestidor más grande que mi habitación de servicio. Había una zona de vestidos, otra de zapatos, de bolsos… Era increíble lo que había allí dentro.
Me decanté por un vestido largo color “azul noche” que conjuntaba con mis ojos, según ella. Me ayudó a ponérmelo y me subió la cremallera que se encontraba en la espalda. Me giró y me agarró por la cintura, “estás genial, Emma”. Me soltó el pelo que llevaba recogido en una coleta, me acarició la cara con sus dedos de pianista y añadió “Te haré un moño, te ondularé algunos mechones y te los soltaré. Con la cara tan bonita que tienes, es mejor que la lleves despejada, que se vea.” Me sonrojé. Se dio media vuelta y puso música. Comenzó a sonar una melodía que incitaba a bailar, Beth se aproximó y me tendió la mano “¿Bailamos?”. Con Marvin Gaye incitándome, le así la mano y se la apreté. Me aproximó a su cuerpo y me apretó contra ella. Distinguía las costuras de su vaquero contra mis muslos, estábamos juntas, muy juntas. Me agarró por la cintura con ambas manos y deslizó las mías por su cuello. Aproximó su boca a mi oreja y me susurró “me encantas y lo sabes ¿verdad?” Noté como mis piernas me temblaron cuando tras el susurro a traición, bajó su mano y me apretó fuerte el culo. Levanté enseguida la cabeza para mirarla, “no va a pasar nada que tu no quieras, Emma. Cuando no quieras seguir, me lo dices” y me metió la lengua hasta el fondo de la boca. Comenzamos a besarnos, nuestras lenguas se buscaban y se perseguían y mis manos querían conocerla y perderse por sus curvas. En un hábil movimiento, me hizo girar, dándole la espalda. Me bajó la cremallera del vestido y lo deslizó por mis hombros, cayendo este a mis pies. Fue entonces cuando comencé a sentir lo excitada que estaba. Ella seguía detrás de mí, besándome el cuello mientras susurraba las cosas que me iba a hacer. Yo era consciente ya de mi propia humedad, aunque creo que ella también. Pasó su mano por mi cintura y comenzó a trepar hasta llegar a mi pecho. Introdujo sus hábiles dedos por debajo del aro y abordaron mis pezones, que no tardaron en ponerse duros como piedras. Sus labios recorriendo mi espalda desnuda, su mano en mi pecho y yo ardiendo, ese era el panorama.
        Me guio hasta la pared y me dio la vuelta. Volvió a besarme, con ganas, con deseo. Me recorrió todo el cuerpo con su lengua. Primero bajó por mis pechos y jugó con mi pezón en su boca, con su lengua, mordiéndolo, lamiéndolo, poniéndolo duro para después, tiernamente, besarlo. Su lengua siguió el rastro de mi calor. Se deslizó por mi barriga, sin parar un segundo de lamerme y llegó hasta la costura de mis bragas, que estaban empapadas. Comenzó a besarme por encima de ellas, ahora ella también era consciente de mi humedad. Se me escapó un gemido que hizo que ella mirase hacia arriba, clavase sus ojos en mí y subiera a besarme a la vez que sus largos y finos dedos se colaban dentro de mis bragas, “Estás empapada, cariño… Y me eso me vuelve loca…” dijo susurrando. Volví a gemir, sus susurros, su acento francés, sus manos en mi sexo… Volvió a bajar y me quitó las bragas, sin preámbulos. Me abrió un poco las piernas y allí, de pie, contra la pared, su lengua se hizo dueña de mi sexo. Comenzó a lamerme y a aumentar mis gemidos y mi calor. Sabía lo que hacía. Sus manos alzadas hacia arriba, me acariciaban los pechos y su lengua hacía círculos alrededor de mi clítoris. No había conocido ninguna sensación cómo esa. El calor se hizo dueño de mí y de mi sexo. Me temblaban las piernas y la voz. Me corrí en su boca. Alcancé el clímax sin aviso y con una gran sacudida de espasmos y de gemidos. Exhausta, me agaché a su lado, la besé en la boca y nos dejamos caer al suelo. Aún entre jadeos le pregunté “¿Y ahora qué…?” Ella se tumbó encima de mí y me respondió mientras me robaba un beso “Ahora me toca a mí, ¿no te parece?”


Si quieres leer más sobre está obra: Suya, cuerpo y alma - Volumen 1
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Si te ha gustado este relato, lee su continuación

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Debería de haber continuación...

R. Guillén dijo...

Si la autora quiere... yo se lo publico fuera de concurso! : )

R. Guillén dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
R. Guillén dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
E Entendemos dijo...

Hola anónimo y R.Guillén. Yo estaría encantada de hacer la segunda parte, faltaría más!
Muchísimas gracias por pasaros y leerme.

Anónimo dijo...

Woooow! me ha encantado!!! Voy a pasarme por tu blog para leer más cosas tuyas.
Por cierto, si escribes la continuación...avisa que no me lo pierdo.

Noe BlogEntendemos dijo...

¡Buenas noches!
Muchísimas gracias por pasaros. Ahora mismo no se si habrá continuación de la historia, pero si la hay, avisaremos, no os preocupéis. Gracias de nuevo.

Maria del Mar Perez Prat dijo...

Es genial tu relato! me muero de ganas de leer la continuación

Noe BlogEntendemos dijo...

Buenas noches María del Mar :

Gracias primeramente por pasarte, de verdad que sí. Y en cuanto a la continuación, ya sois muchas las que la pedís... Y creo que habrá que escribir la segunda parte, claro que sí. Si la escribo se publicará en esta misma web. Muchas gracias.